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Comprar Motocicletas Laverda
Desde las naves de Breganze salieron motocicletas que rechazaban cualquier compromiso, desde las esbeltas cuatro tiempos de la posguerra hasta las brutales tricilíndricas que conquistaron el trono de las superbikes a finales de los 70.
Resultados de la búsqueda




1970 | Laverda 750 SF
Schöner restaurierter Zustand


1977 | Laverda 1000 3 C I
LAVERDA 3C/CL 1000 1977 - 17.000KM ORIGINALI - ISCRITTA FMI
Referencias de anuncios de "Laverda" en Classic Trader
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1988 | Laverda 125 LB Custom
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1976 | Laverda 750 SF
Construido para velocidad, carácter y largas carreteras rurales
1983 | Laverda 1000 RGS
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1988 | Laverda 125 LB Custom
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1986 | Laverda 1000 SFC
1000 SFC
1969 | Laverda 750 GT
Totalmente restaurata nel 2022 documenti da passaggio iscritta moto epoca FMI
1974 | Laverda 750 SF 2
1974 Laverda 750 SF2 749cc
2000 | Laverda 750 S Sport
2000 Laverda 750S 747cc
1973 | Laverda 750 SF
-
Desde 1949, el nombre Laverda es sinónimo de ingeniería italiana de motocicletas, caracterizada por su robustez y sus éxitos en la competición. Lo que comenzó como una rama de un fabricante de maquinaria agrícola se convirtió en una manufactura de máquinas de alto rendimiento que alcanzó el reconocimiento internacional en la década de 1970 con sus motores tricilíndricos. Para el mercado español, Laverda no es solo una marca italiana más; es la marca que conquistó Montjuïc y que bautizó a su modelo más famoso con el nombre de nuestra danza más universal: la Jota.
Historia y Legado
Fundación y primeros años (1949-1960)
Francesco Laverda, nieto del productor de maquinaria agrícola Pietro Laverda, fundó en 1949 en Breganze la empresa Moto Laverda S.p.A. La experiencia en la construcción de maquinaria agraria influyó directamente en el diseño de motocicletas robustas y fiables. A partir de 1950, salió de la fábrica la Laverda 75, una motocicleta compacta de cuatro tiempos y 75 cm³ que destacaba por su fabricación económica y su fiabilidad. En 1955 le siguió la Laverda 100, que logró puestos destacados en carreras de larga distancia como la Milano-Taranto gracias a pilotos como Mariani, Fontanili y Castellani. Estas pequeñas máquinas contribuyeron significativamente a la motorización de Italia tras la Segunda Guerra Mundial, pero también sentaron las bases de una filosofía de resistencia que definiría a la marca décadas después.
El ascenso a los grandes cilindradas (1968-1973)
Cuando Massimo Laverda, él mismo un exitoso piloto de carreras con máquinas Laverda, asumió la dirección general, el enfoque se desplazó hacia cilindradas mayores. En 1968 nacieron los modelos bicilíndricos 650 y 750, diseñados con un bastidor abierto y el motor como elemento estructural. Las variantes 750 GT, 750 S, 750 SF y 750 GTL se fabricaron hasta 1977 y establecieron a Laverda en el segmento de las motocicletas de turismo deportivo. Paralelamente, la fábrica de Breganze desarrolló el motor tricilíndrico de 1000 cm³ con doble árbol de levas en cabeza, que entró en producción en serie en 1973. Esta máquina fue la piedra angular de la reputación de Laverda como fabricante de motocicletas de alto rendimiento sin concesiones.
La era de la leyenda tricilíndrica (1973-1982)
La Laverda 3C (1973) combinaba una cilindrada de 981 cm³, doble árbol de levas y un calado de cigüeñal de 180°. Con 85 CV a 7.250 rpm, la máquina superaba los 210 km/h. En 1976, a sugerencia de los importadores británicos Slater Brothers, nació la Laverda Jota, bautizada así por la danza española en compás de tres tiempos, reflejando el ritmo de sus tres cilindros. Gracias a pistones de alta compresión, árboles de levas más cruzados y un sistema de escape libre, la Jota rendía 90 CV y aceleraba hasta los 225 km/h. Hasta la introducción de la Honda CBX1000 en 1978, fue la motocicleta de serie más rápida del mundo. La Jota se produjo hasta 1982, año en que apareció la Jota 120° con un calado de cigüeñal modificado para mayor suavidad. Paralelamente surgieron modelos como la RGS 1000 (turismo) y la Laverda 1200 (1982-1988) con cilindrada aumentada.
Declive y renacimiento (años 80-2000)
A pesar de los éxitos técnicos, Laverda entró en una crisis financiera a mediados de los años 80. La producción no se ajustaba a las demandas del mercado y las máquinas se consideraban complejas y costosas de mantener. En marzo de 1987, la empresa tuvo que declararse en quiebra. En 1993 se produjo el regreso: la fábrica se trasladó a Zanè, donde nacieron motocicletas deportivas modernas basadas en la serie 650 (hasta 1997). Siguieron los modelos Zanè (Laverda 750 en varias versiones), que se fabricaron hasta 2002. Tras esto, la producción de motocicletas cesó. En 2004, Laverda fue absorbida por Aprilia y en 2006 el grupo Piaggio tomó el control. Desde entonces, la marca permanece inactiva, aunque su legado sigue vivo en manos de coleccionistas, especialmente en España, donde la conexión con las carreras de resistencia de Montjuïc mantiene la llama encendida.
Aspectos Destacados y Características
El motor tricilíndrico de 180°
El motor de 981 cm³ de Laverda con calado de cigüeñal a 180° generaba un sonido característico, a medio camino entre un bicilíndrico y un tricilíndrico de encendido uniforme. La secuencia de encendido asimétrica provocaba vibraciones marcadas por encima de las 5.000 rpm, lo que le valió a la máquina su reputación de "caballo de carreras indomable". La variante de 120° introducida en 1982 ofrecía un funcionamiento más refinado, pero los coleccionistas la consideran menos carismática que la original de 180°.
Tecnología probada en circuito: La conexión Barcelona
La 750 SFC (Super Freni Competizione) dominó las carreras de resistencia entre 1971 y 1976, destacando especialmente su victoria en las 24 Horas de Barcelona (Montjuïc) en 1972. De esta motocicleta de carreras solo se fabricaron 549 ejemplares (1971-1976), de los cuales 100 fueron para la exportación a EE. UU. con motor de 75 CV, carburadores Dell'Orto más grandes y triple freno de disco Brembo. La SFC era una motocicleta de carreras matriculable, con velocímetro e intermitentes: una auténtica "máquina de Gran Premio para la calle". En España, poseer una SFC es poseer un pedazo de la historia de Montjuïc.
ADN británico en cuerpo italiano
Curiosamente, la Jota no nació en Italia, sino en el taller de los importadores británicos Slater Brothers en Bromyard, Herefordshire. Ellos desarrollaron el concepto de preparación que más tarde Laverda adoptó como modelo de fábrica. Esta colaboración anglo-italiana explica por qué las especificaciones del Reino Unido (diferente sistema de escape, potencia ligeramente superior) son especialmente codiciadas por los coleccionistas, aunque estas máquinas a menudo presentan problemas de corrosión debido al clima húmedo británico.
La Jota: Un nombre con alma española
El nombre "Jota" fue elegido por Massimo Laverda tras escuchar a los Slater Brothers hablar sobre la necesidad de un nombre con fuerza. Al ser un motor de tres cilindros, la referencia a la Jota aragonesa o valenciana, con su compás de 3/4 y su energía explosiva, encajaba perfectamente. Para el mercado español, este detalle no es menor; representa el respeto de una marca italiana por la cultura y la pasión de los aficionados españoles, que siempre acogieron a las Laverda con especial entusiasmo en las carreras de resistencia.
Datos Técnicos
Laverda Jota 1000 (1976-1982)
Laverda 750 SFC (1971-1976)
Panorama del Mercado y Consejos de Compra
Rangos de precios por modelo (2024-2025)
Los precios de mercado de Laverda se han estabilizado en los últimos años, aunque los modelos raros han experimentado un aumento significativo. En España, la demanda se centra en unidades con historial nacional o bien documentadas:
- 750 SFC (1971-1976): 40.000 € - 110.000 €. El precio máximo en 2023 fue de 99.200 € por una SFC original de 1971 en Gooding & Company. Las unidades restauradas en España suelen moverse entre los 45.000 € y 65.000 €, mientras que las máquinas que necesitan restauración completa parten de los 30.000 €.
- Jota 1000 (1976-1982): 12.000 € - 25.000 €. Hagerty valora las máquinas en buen estado (#3) en unos 13.700 € (datos de 2025). En España, una Jota 180° bien mantenida puede alcanzar fácilmente los 18.000 € - 22.000 €. Las versiones de 120° son algo más económicas, situándose entre los 10.000 € y 15.000 €.
- 750 SF/SF3 (1970-1976): 8.000 € - 18.000 €. Un modelo SF3 de 1975 en Cantabria se ha visto recientemente por unos 7.300 €, lo que representa una excelente oportunidad de entrada. Las unidades en estado de concurso superan los 15.000 €.
- RGS 1000 (1982-1987): 7.000 € - 14.000 €. La variante de turismo del tricilíndrico con carenado y maletas es menos buscada pero ofrece una excelente relación calidad-precio para quien quiera viajar con una clásica.
- 1200 Mirage/TS (1982-1988): 8.000 € - 18.000 €. Estas máquinas de mayor cilindrada son apreciadas por su par motor, aunque son menos "puras" que las 1000 originales.
Perfiles de comprador
- Coleccionista de clásicos exclusivos: Se centra en la SFC y las primeras Jota (1976-1978) con números coincidentes (matching numbers), colores originales (Naranja SFC, Rojo/Dorado Jota) y documentación completa. Está dispuesto a invertir más de 50.000 €.
- Entusiasta experimentado: Busca una Jota o una 750 SF funcional en el rango de 12.000 € - 20.000 €, acepta marcas de uso pero valora una mecánica impecable.
- Comprador de proyectos: Adquiere unidades desde 6.000 € - 9.000 €, pero debe contar con costes de restauración de entre 15.000 € y 40.000 € (dependiendo del estado del motor y el bastidor).
Qué revisar al comprar
- Estado del motor (crítico): Un valor de compresión por sí solo no es suficiente. Las ranuras de los segmentos de los pistones se desgastan verticalmente, lo que causa problemas bajo carga. Los asientos de las válvulas se hunden en la culata, haciendo imposible el reglaje; unos asientos nuevos cuestan entre 1.500 € y 2.500 €. Al no llevar retenes de aceite en las guías de escape, estas sufren un desgaste severo. Las bombas de aceite deben estar correctamente ajustadas (shimmed), algo que a menudo se descuida. Las cadenas de transmisión primaria y de distribución se desgastan mucho. Revisión completa del motor: 8.000 € - 15.000 €.
- Pistones de alta compresión: Los modelos Jota funcionaban con una compresión de 10:1 y pistones de alto rendimiento. Los pistones originales de Laverda son casi imposibles de encontrar. Los de recambio (aftermarket) como Omega o Cosworth cuestan entre 800 € y 1.200 € el juego, pero a veces no ajustan perfectamente. Muchas máquinas circulan con soluciones improvisadas.
- Bastidor y piezas de aluminio: Compruebe las soldaduras del bastidor de doble cuna en busca de grietas, especialmente en los soportes del motor y la pipa de dirección. El aluminio fundido (cárteres, culata) muestra signos de fatiga con el tiempo: grietas capilares o porosidad. Una inspección profesional por ultrasonidos puede evitar sorpresas costosas.
- Sistema eléctrico: El encendido fue mecánico hasta 1980 (lado derecho del motor) y electrónico desde 1981 (lado izquierdo). Los sistemas electrónicos son más fiables. Los alternadores antiguos suelen fallar, al igual que los reguladores. El cableado a menudo ha sido manipulado por aficionados.
- Originalidad vs. Funcionalidad: Muchas máquinas han sido "restauradas" por aficionados sin conocimientos específicos. Pinturas no originales, escapes incorrectos, carburadores modernos (Mikuni en lugar de Dell'Orto). Para un coleccionista esto destruye el valor, pero para un usuario habitual puede ser más funcional. Decida cuál es su prioridad.
- Disponibilidad de recambios en España: Aunque existen especialistas como Modeliko Cafe Racers, la mayoría de las piezas específicas deben importarse de Reino Unido (Slater Brothers) o Alemania (Schroeder Classic). Esto encarece el mantenimiento y alarga los tiempos de reparación.
Rendimiento y Carácter
La Jota 1000: Una experiencia, no solo una máquina
Lo primero que se nota es el embrague: duro, muy duro. En el tráfico urbano de Madrid o Barcelona es un suplicio, pero en carretera abierta se vuelve tolerable. El motor por debajo de las 4.000 rpm es tosco, con vibraciones que recorren el manillar, las estriberas y el asiento. Solo por encima de las 5.000 rpm la máquina despierta: el sonido del tricilíndrico se convierte en un rugido, las vibraciones se intensifican, pero la entrega de potencia compensa todo. A 7.000 rpm reina un caos controlado: los espejos muestran imágenes borrosas, las estriberas martillean, pero la aceleración es brutalmente lineal.
Nerviosa por debajo de 110 km/h, estable por encima
La parte ciclo de la Jota es un compromiso entre la eficacia en circuito y la homologación para calle. Por debajo de 110 km/h, la máquina se siente inestable, el chasis parece trabajar en contra del motor. Por encima de 120 km/h, la geometría se estabiliza, la horquilla Marzocchi trabaja con precisión y los frenos Brembo ofrecen un rendimiento de competición. A 180 km/h, la Jota se siente más cómoda que a 80 km/h; está diseñada para tramos de autopista y carreteras de montaña rápidas, no para pasear por la ciudad.
La 750 SFC: Motocicleta de carreras pura sangre
Con 190 kg en seco y 70-75 CV, la SFC es significativamente más manejable que la Jota. La posición de conducción es extrema: baja, inclinada hacia delante, con las estriberas muy altas. La máquina exige ser pilotada: entradas rápidas en curva, frenadas fuertes y gas temprano. El diseño estrecho del bicilíndrico permite ángulos de inclinación precisos. El sonido es agudo, agresivo; un bicilíndrico DOHC a 8.000 rpm grita, no ruge. La SFC no es una máquina para paseos placenteros, sino para tandas en circuito y subidas en cuesta.
La 750 SF: El italiano civilizado
La variante de turismo del bicilíndrico de 750 ofrece una potencia similar a la SFC (65-70 CV), pero con una geometría relajada, un asiento más cómodo e intervalos de mantenimiento más largos. Por debajo de las 6.000 rpm el motor es refinado, por encima se vuelve deportivo y agresivo. La SF es la máquina para el motorista que busca el diseño y el sonido italiano sin los sacrificios extremos de la Jota o la SFC.
Diseño y Filosofía
Funcionalismo en lugar de estilismo
Los diseñadores de Laverda no seguían ninguna escuela de diseño estética, sino requisitos técnicos. El masivo bastidor tubular de acero de doble cuna queda a la vista, las soldaduras son visibles y los mazos de cables discurren sin carenados. El depósito es ancho, el asiento estrecho y el sistema de escape domina el lado derecho. Nada está oculto, todo es funcional. Este enfoque "desnudo" resulta hoy más honesto que muchas motos retro modernas con carenados de plástico que imitan tecnología.
El color como seña de identidad
La 750 SFC en su vibrante color naranja (GelCoat, no pintura) con franjas blancas es un icono del diseño. La Jota apareció clásicamente en rojo con fileteado dorado sobre bastidor plateado, y más tarde también en verde. Estas combinaciones de colores son inconfundibles y deben respetarse en las restauraciones. Las pinturas modernas RAL destruyen el carácter original y el valor de reventa.
Influencia británica en el diseño italiano
Los Slater Brothers no solo aportaron preparación mecánica, sino también elementos de diseño británicos: manillares más anchos, diferente acolchado del asiento, intermitentes y espejos específicos para el mercado del Reino Unido. Estos detalles hicieron que la Jota tuviera más éxito en el mercado británico que en el italiano. Hoy en día, estos híbridos anglo-italianos son piezas de colección muy codiciadas, siempre que la base técnica sea sólida.
Público objetivo: Pilotos experimentados
Laverda nunca se dirigió a principiantes. Las máquinas eran caras (una Jota de 1976 costaba en el Reino Unido 2.200 £, más que una Honda Gold Wing), difíciles de dominar y exigentes en mantenimiento. El público objetivo eran entusiastas adinerados que buscaban prestigio italiano y rendimiento de competición sin depender de la fiabilidad japonesa. Esta posición explica las bajas cifras de producción y el estatus de culto actual.
Competición y Éxitos
Dominio en las carreras de resistencia (1971-1976)
La Laverda 750 SFC fue desarrollada específicamente para las carreras de resistencia y dominó entre 1971 y 1976. El punto culminante fue la victoria en las 24 Horas de Barcelona (Montjuïc) de 1972, pilotada por Piero Laverda (hijo de Francesco) y Claudio Cavani. Otros éxitos incluyen las 1000 km de Monza (1972), las 500 Millas de Thruxton (en varias ocasiones) y el Bol d'Or. La SFC se enfrentó a las Ducati 750 SS, Honda CB750 y BMW R90S, y ganó gracias a su robustez y resistencia.
Sin éxitos en MotoGP, pero con una fuerte personalidad
Laverda nunca intentó entrar en los Grandes Premios (a diferencia de MV Agusta o Moto Guzzi). El enfoque siempre estuvo en las carreras de resistencia y en las competiciones de producción. Esta limitación explica por qué Laverda nunca alcanzó el glamour mediático de Ducati, pero es más valorada entre los puristas de la larga distancia.
La Jota: Demasiado tarde para el circuito
Cuando la Jota apareció en 1976, la era de las carreras de producción estaba llegando a su fin. La máquina era demasiado pesada, demasiado compleja y llegó tarde para la homologación. Su reputación como la "moto de serie más rápida" se basa en pruebas de carretera (Motor Cycle, 1976: 141 mph / 227 km/h), no en victorias en competición. La Jota es una máquina de carreras que nunca corrió oficialmente, una tragedia o una liberación, según se mire. Sin embargo, en España, muchos propietarios de Jota participaron en carreras de clásicas en circuitos como el Jarama o Jerez, manteniendo vivo el espíritu deportivo de la marca.
Resumen
Las motocicletas Laverda no son máquinas para motoristas ocasionales ni para inversores que busquen dinero fácil. Exigen conocimientos mecánicos, mantenimiento regular y una gran capacidad de compromiso. La 750 SFC sigue siendo la elección definitiva para el coleccionista: rara (549 unidades), exitosa (24h Barcelona) y con un valor al alza (40.000 € - 110.000 €). La Jota 1000 encarna la era de las superbikes sin concesiones de los años 70: brutalmente rápida, con carácter y agotadora de conducir. Quien compre una Jota funcional por 18.000 € - 25.000 € debe reservar entre 3.000 € y 5.000 € para mejoras inmediatas.
Los proyectos de restauración (desde 7.000 €) son financieramente irracionales: una inversión total de 30.000 € - 50.000 € para un resultado con un valor de mercado de 20.000 € - 28.000 €. Pero Laverda nunca fue una cuestión de racionalidad, ni en 1976 ni en 2025. Quien escucha el rugido del tricilíndrico a 7.000 rpm entiende por qué hay personas que invierten 40.000 € en una máquina de 50 años. No se trata de lógica. Se trata de pasión.
Tres conclusiones clave para los compradores:
- SFC para coleccionistas (40.000 € - 110.000 €): Una inversión con pedigrí de competición, pero difícil de usar sin perder valor.
- Jota para pilotos (18.000 € - 25.000 € + 5.000 € de puesta a punto): Una experiencia llena de carácter que exige pericia y presupuesto.
- 750 SF para principiantes en la marca (10.000 € - 15.000 €): Un acceso más civilizado a la marca, aunque sigue siendo exigente.
Laverda es una marca para los pocos que rechazan los compromisos, exactamente igual que las máquinas que salieron de Breganze.





