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Comprar Rickman moto

Rickman atrae a quien busca algo más raro que una clásica de serie: un chasis británico brillante, motores de procedencias distintas y una reputación de conducción muy seria. En España, encontrar una buena unidad exige mirar bien la autenticidad, la documentación y el coste real de importación o matriculación.

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Resultados de la búsqueda

Imagen 1/30 de Rickman Metisse Mk III (1985)
1 / 30

1985 | Rickman Metisse Mk III

1985 Rickman Metisse MRD. Two owners from new, first owner Doug Desborough

9000 €
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Imagen 1/16 de Rickman Honda CB 750 Four (1973)
1 / 16

1973 | Rickman Honda CB 750 Four

*** SEHR SELTEN *** Komplett Restauration über Fr. 25'000.- *** Perfekter Zustand *** Eintausch & Finanzierung möglich ***

40.681 €
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Referencias de anuncios de "Rickman" en Classic Trader

A continuación encontrará anuncios relacionados con su búsqueda que ya no están disponibles en Classic Trader. Para ayudarle a tomar una mejor decisión de compra, esta información le ayudará a hacerse una mejor idea de la disponibilidad, evolución del valor y precio actual de un anuncio de "Rickman".

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Imagen 1/7 de Rickman Honda CR 750 Four (1975)

1975 | Rickman Honda CR 750 Four

11.900 €hace 3 meses
DE flag
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Imagen 1/6 de Rickman Metisse Mk III (1973)
Conversión/Especial

1973 | Rickman Metisse Mk III

16.800 €el año pasado
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Imagen 1/20 de Rickman G 50 Metisse (1971)
Recreación

1971 | Rickman G 50 Metisse

19.704 €hace 3 años
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Imagen 1/6 de Rickman Kawasaki CR 1000 (1980)

1980 | Rickman Kawasaki CR 1000

15.999 €hace 3 años
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Imagen 1/16 de Rickman Honda CR (1977)
Conversión/Especial

1977 | Rickman Honda CR

CR 750 - JAPAUTO 1000 VX

20.700 €hace 4 años
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Imagen 1/23 de Rickman Metisse 250 (1967)

1967 | Rickman Metisse 250

c1967 Rickman Metisse "Petite" Starmaker 250cc

Precio a peticiónhace 5 años
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Imagen 1/19 de Rickman Kawasaki CR (1979)

1979 | Rickman Kawasaki CR

Z1 Z900

7800 €hace 5 años
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Imagen 1/9 de Rickman G 50 Metisse (1966)

1966 | Rickman G 50 Metisse

12.173 €hace 6 años
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Imagen 1/19 de Rickman Honda CB 750 Four (1974)

1974 | Rickman Honda CB 750 Four

-

11.200 €hace 6 años
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Vendedor

Historia y legado

La marca Rickman nunca fue un fabricante convencional. Su prestigio nace en 1959, cuando los hermanos Don y Derek Rickman, ya conocidos en el motocross británico, decidieron dejar de aceptar las limitaciones de las motos de serie y construir algo mejor. El resultado fue la primera Metisse, nombre francés que alude a una mezcla: un chasis propio, ligero y preciso, preparado para recibir motores de distintos fabricantes. Esa idea define a Rickman hasta hoy y explica por qué comprar una Rickman no es como comprar una Triumph, una BSA o una Honda: aquí el objeto de deseo es, ante todo, el bastidor.

El gran salto llegó con la Metisse Mk III de 1962. Su estructura en Reynolds 531, soldada en bronce y acabada en níquel, dio a la marca una identidad visual y técnica inmediata. En competición off-road, aquella combinación de ligereza, rigidez y geometría bien resuelta convirtió a Rickman en referencia. Cycle World, al probar una Matchless Metisse en 1964, destacó justo eso: la moto podía atravesar terreno roto con una facilidad poco común, y además pesaba claramente menos que su equivalente de serie con el mismo motor. No era marketing; era una diferencia tangible en carrera.

Durante los años sesenta, Rickman evolucionó desde el motocross a la carretera y al circuito. Aparecieron versiones para motores Triumph, BSA, AJS/Matchless y, más tarde, configuraciones de carretera que hoy forman parte del canon del coleccionista: la Street Metisse, las raras combinaciones con Matchless G50 y, ya en la década siguiente, las famosas CR750 y CR900/CR-Z1 con corazón japonés. La marca entendió antes que muchos fabricantes grandes que el mercado quería una mezcla nueva: la fiabilidad y potencia de Honda o Kawasaki, unida a un chasis británico mucho más exclusivo que el de una moto de producción masiva.

En las CR de los setenta, Rickman consolidó la estética que todavía arrastra compradores: semicarenado o carenado de fibra, depósito de gran presencia, llantas Borrani, frenos Lockheed y ese bastidor niquelado que hace reconocible una Rickman desde varios metros. Según la propia Metisse Motorcycles, la familia CR supuso más de 2.000 unidades dentro de un total histórico superior a 16.000 motos Rickman/Metisse. Eso no convierte a Rickman en una rareza de una sola docena, pero sí en una marca claramente minoritaria, con oferta escasa y una demanda formada por gente que sabe lo que está viendo.

Para el comprador actual, hay cinco líneas que importan de verdad. La primera es la Metisse Mk III/Mk IV de campo, base histórica de la marca. La segunda, la Street Metisse con twin Triumph, hoy muy valorada por estética y tacto de conducción. La tercera, la G50 Metisse, ya en territorio casi de competición histórica más que de simple clásica. La cuarta es la Rickman Honda CR750, quizá la versión más equilibrada para quien quiere una Rickman utilizable y visualmente impactante. La quinta es la Rickman Kawasaki CR900/CR-Z1, más brutal, más rápida y a menudo más cara cuando aparece una unidad bien hecha.

En España, esta historia pesa mucho porque Rickman no tuvo una presencia comercial amplia como otras marcas británicas. Eso obliga a comprar con mentalidad europea: la mayoría de unidades interesantes aparecerán en Reino Unido, Francia, Alemania, Países Bajos, Suiza o Italia. Precisamente por eso, en una página de compraventa el valor de Rickman no está en el romanticismo vacío, sino en entender qué estás comprando: un special histórico, con distintas configuraciones correctas posibles, pero también con muchas conversiones posteriores, reconstrucciones y motos “inspiradas en Rickman” que no valen lo mismo.

Modelos clave y por qué gustan tanto

Lo que hace especial a Rickman no es una única ficha técnica, sino un conjunto de rasgos que se repiten. El primero es el chasis Reynolds 531 niquelado, muy ligero para su época y con una calidad visual altísima. El segundo es el uso de componentes premium: llantas Borrani, frenos AP Lockheed, horquillas Betor o Ceriani, amortiguadores Koni o Girling y piezas de fibra de Avon. El tercero es la filosofía de kit o pequeña serie: cada Rickman buena transmite la sensación de estar construida con un criterio casi de carreras.

La Metisse Mk III/Mk IV es la Rickman más pura para muchos aficionados. En ella está el ADN original: ruedas de tacos, postura compacta, depósito estrecho, poco peso y una respuesta muy directa. Las mejores unidades no son necesariamente las más restauradas; son las que conservan coherencia de época, numeración clara de bastidor, herrajes correctos y un motor apropiado para el chasis. En el mercado, una Metisse honesta atrae tanto a coleccionistas de motocross clásico como a quienes quieren una especial británica distinta a la típica Gold Star o Triumph preparada.

La Street Metisse lleva esa idea a la carretera. Cycle World describía en 1968 una moto capaz de sentirse casi como una 250 en curvas enlazadas, algo llamativo en una máquina con motor Triumph 650. Para el comprador de hoy, la Street Metisse resume muy bien por qué Rickman importa: no solo es vistosa, también tiene una reputación real de buen comportamiento dinámico. Frente a otros café racer históricos, una Rickman bien hecha no depende solo de la pose.

La Rickman Honda CR750 es la opción más lógica para muchos usuarios que quieren entrar en la marca. El kit presentado en 1974 buscaba mejorar la Honda CB750 Four en cuatro áreas muy claras: peso, frenada, estética y agilidad. MCNews recuerda que el conjunto usaba bastidor en Reynolds 531, carrocería de fibra Avon, ruedas Borrani, frenos Lockheed y una horquilla Betor. Además, la mecánica Honda facilita más la vida que un monocilíndrico británico de carreras o que una Triumph más delicada. En compraventa, eso se nota: la CR750 suele interesar tanto a coleccionistas como a compradores que quieren usar la moto con cierta regularidad.

La Rickman Kawasaki CR900 o CR-Z1 representa la versión más musculosa del concepto. Aquí Rickman tomó el empuje del cuatro en línea de la Kawasaki Z1 y lo colocó en un conjunto mucho más especial que la moto donante. Mecum señalaba para un ejemplar de 1974 que solo se produjeron 146 Kawasaki CR en ese año. Eso da contexto: no es una especial común. Si aparece una CR900 bien presentada, con documentación correcta y componentes de calidad, entra enseguida en radar de compradores internacionales.

Por encima de todas ellas, la gran virtud de la marca es que una Rickman bien comprada ofrece algo escaso incluso entre clásicas exclusivas: personalidad técnica reconocible. No es una moto rara por mala suerte comercial; es rara porque fue concebida así, para un público exigente. Esa diferencia importa mucho cuando buscas anuncios de calidad y quieres pagar por una pieza con sentido histórico, no por una preparación improvisada.

Datos técnicos orientativos

Rickman fue una marca de chasis y kits, no un productor homogéneo. Por eso conviene leer cualquier ficha como una guía y no como verdad absoluta: en esta marca las especificaciones cambian según motor, época y montaje.

Para valorar anuncios, la clave no es memorizar cifras, sino comprobar si la configuración concreta tiene sentido. En Rickman pesan mucho la correcta combinación de bastidor, placas motor, depósito, basculante, frenos y ruedas. Un anuncio que solo diga “Rickman” y enseñe pintura brillante no basta. Aquí hay que mirar el detalle.

Panorama del mercado y consejos de compra

El mercado de Rickman en 2024-2025 ha dejado una señal clara: la marca sigue siendo de nicho, pero ya no es una ganga escondida. Hay diferencias enormes entre una moto de campo incompleta, una CR restaurada con documentación y una unidad de procedencia impecable, pero las ventas públicas recientes ayudan a ordenar expectativas.

En la base del mercado aparecen los proyectos. Un Rickman Metisse Project de 1969 se vendió en H&H en octubre de 2024 por £3.450. Esa cifra es tentadora, pero también explica el riesgo: proyectos de Rickman suelen necesitar tiempo, piezas específicas y verificación histórica. Una compra barata puede dejar de serlo en cuanto faltan soportes correctos, depósito original o numeración trazable.

El siguiente escalón son las Metisse off-road funcionales, no necesariamente excepcionales. Un Rickman Metisse BSA 441 de 1970 alcanzó 6.000 dólares en Bring a Trailer en febrero de 2024, mientras que un Rickman Metisse Mk IV de 1968 llegó a 9.135 dólares en enero de 2025 según Hagerty sobre la misma venta de Bring a Trailer. En octubre de 2025, una Metisse Mk III con motor Matchless G80CS terminó en 9.500 dólares tras oferta aceptada en Iconic Motorbike Auctions. La lectura es útil: una Rickman de campo correcta y presentable ya no vive en precios de “vieja moto especial”, pero todavía puede entrar en rangos razonables para quien acepta trabajo y puesta a punto.

Las CR con motor Honda cotizan más arriba cuando están bien terminadas. En enero de 2025, una Rickman Honda CR750 de 1974 se vendió en Mecum por 13.200 dólares. En julio de 2025, otra Rickman Honda CR750 cambió de manos en Bring a Trailer por 11.100 dólares. Son cifras coherentes para motos atractivas y utilizables, aunque no equivalen al coste real de tener una en España: a esa base hay que sumar transporte, impuestos si procede y el gasto de matriculación o regularización.

Las CR900 muestran el abanico más amplio. Una Rickman Kawasaki CR900 de 1975 se vendió por 8.500 dólares en Bring a Trailer en mayo de 2025, pero una Rickman Kawasaki CR900 de 1974 subió hasta 18.700 dólares en Mecum en enero del mismo año. Esa distancia ilustra la regla principal del mercado Rickman: dos motos con el mismo nombre pueden vivir en ligas distintas según restauración, corrección histórica, documentación y atractivo visual.

En el comercio minorista europeo, el nivel sube todavía más. En Classic Trader, una Rickman Honda CB 750 Four de 1973 anunciada en Suiza figura por CHF 37.500, con restauración documentada superior a CHF 25.000. No conviene tomar ese precio como media de mercado, pero sí como señal de hacia dónde puede ir una Rickman matriculada, impecable y vendida por profesional en Europa continental.

Qué mirar antes de comprar

1. Bastidor y numeración
En Rickman, el bastidor manda. Hay que revisar número, placas, coincidencia con documentación y, si es posible, contraste con especialistas o registros históricos. Al tratarse de motos kit o pequeñas series, no basta con que “parezca correcta”. Una Rickman con identidad dudosa vale bastante menos.

2. Reparaciones ocultas bajo el níquel
El acabado niquelado es precioso, pero puede esconder soldaduras rehechas, fisuras antiguas o rectificaciones poco finas. Inspecciona especialmente pipa de dirección, tubos superiores y zona del basculante. Las grietas en uso duro y las reparaciones antiguas no son raras.

3. Sistema de aceite en el chasis
Cycle World ya advirtió en 1967 de un problema serio: si un motor contamina el aceite con limaduras y el chasis hace de depósito, limpiar el interior no es trivial. En motos paradas muchos años, además, existe riesgo de corrosión interna. Si el vendedor no sabe explicar cómo se revisó el sistema, desconfía.

4. Fibra de vidrio y depósitos
Las carrocerías Avon forman parte del encanto, pero envejecen. En anuncios y visitas hay que mirar grietas en anclajes, depósitos con revestimientos deteriorados, filtraciones y reparaciones mal laminadas. Bring a Trailer señalaba incluso deterioro del sellador interior en un Mk IV de 1968.

5. Motor donante
Cada familia tiene sus propias preguntas. En Triumph: fugas, alimentación y encendido. En BSA/Matchless: compresión, holguras, arranque y pérdidas. En Honda CB750: cadena de distribución, carga eléctrica, carburación y humo. En Kawasaki Z1: carburadores, caja de cambios, tensores y temperatura. No compres una Rickman pensando que “las piezas son de otro fabricante, así que será fácil”; algunas sí, otras no, y la integración en el chasis Rickman añade trabajo.

6. Frenos, llantas y suspensión
Los componentes correctos valen dinero. Unas Borrani dañadas, unas pinzas Lockheed fatigadas o una horquilla Betor/Ceriani necesitada de reconstrucción cambian por completo la factura final. En una Rickman, las piezas periféricas importan casi tanto como el motor.

Situación de recambios y contexto español

La buena noticia es que la marca no está muerta. Metisse Motorcycles sigue ofreciendo kits de bastidor Mk3 y piezas de carrocería GRP, además de paneles para CR750 fabricados con moldes originales. Eso mejora mucho el panorama frente a otras specials británicas. La mala noticia es que no todo está igual de fácil: en una CR900 será más complicado encontrar piezas cosméticas realmente correctas, y muchas piezas de época buenas se pagan caro.

Para un comprador en España, el contexto importa. La DGT simplificó desde 2024 el reglamento de vehículos históricos y distingue entre motos ya matriculadas en España y motos importadas que deben seguir el procedimiento correspondiente, normalmente el Grupo B si no estuvieron matriculadas aquí. Traducido a compra real: si ves una Rickman ya documentada en España, tiene valor extra. Si compras fuera, especialmente una unidad muy modificada o sin papeles claros, el precio aparente puede dispararse al aterrizar en tu garaje.

También conviene asumir que en el mercado español habrá pocas Rickman locales. Lo normal será comprar en otro país europeo. Por eso, en Classic Trader tiene sentido priorizar anuncios con matrícula europea, historial fotográfico de restauración, número de chasis visible y descripción precisa de la base mecánica. En esta marca, una buena compraventa empieza filtrando anuncios mediocres con dureza.

Cómo se siente una Rickman en marcha

Conducir una Rickman buena no se parece del todo a llevar una clásica británica estándar ni tampoco a una japonesa de los setenta. El rasgo dominante es la claridad del chasis. Incluso en parado ya se percibe una moto compacta, tensa y muy deliberada. Una vez en marcha, eso se traduce en reacciones francas y una sensación de que el bastidor siempre va un paso por delante del motor.

En una Metisse de campo, la experiencia es física y directa. Hay poco peso sobrante, poca inercia y mucha información. No es una moto amable en el sentido moderno, pero sí enormemente comunicativa. El terreno malo, precisamente donde nacieron estas motos, es donde mejor se entiende su fama: una buena Rickman mantiene la trazada y no transmite la torpeza típica de muchas off-road derivadas de motos de calle de la época.

La Street Metisse es seguramente la Rickman más seductora para carretera secundaria. El twin Triumph vibra, respira y empuja como esperas en una británica clásica, pero el conjunto se siente más preciso que una Bonneville estándar. En curvas enlazadas, la moto cae con rapidez y conserva una ligereza casi impropia de una 650 clásica. Por eso sigue fascinando tanto: no solo parece una café racer excelente, también se comporta como tal.

La CR750 ofrece otra receta. El cuatro cilindros Honda aporta suavidad, elasticidad y una base mecánica más fácil de usar. Rickman añade frenada, postura y presencia. El resultado no es una superbike moderna, claro, pero sí una moto clásica de gran carácter, más seria en apoyos y con mejor tacto delantero que muchas CB750 normales. Para un usuario español que quiera salir, parar en un puerto y volver sin vivir pendiente del encendido magneto, la CR750 tiene mucha lógica.

La CR900, en cambio, ya entra en terreno más salvaje. El motor Kawasaki da una pegada superior y la moto transmite más tensión. Es una Rickman para quien acepta una clásica exigente y le gusta la mezcla de belleza y exceso setentero. Bien puesta a punto puede ser espectacular; mal ajustada, también puede resultar tosca. Por eso el estado real de una CR900 importa tanto en compra.

Diseño, filosofía y accesorios

Rickman pertenece a ese grupo muy reducido de marcas cuyo diseño nace de la ingeniería y no al revés. Lo primero que se mira siempre es el bastidor niquelado. No es un simple detalle estético: es la pieza central del discurso visual de la moto. Donde otras clásicas venden depósito, emblema o color, Rickman vende estructura.

La segunda gran firma de diseño es la fibra Avon. Depósitos largos, colines compactos, semicarenados de aire setentero y una silueta tensada hacia delante. En las Metisse off-road esa estética es funcional y mínima; en las CR de carretera se vuelve más teatral, sin dejar de ser creíble. Una Rickman buena parece rápida incluso aparcada.

Eso explica por qué los accesorios correctos pesan tanto en el precio. Un anuncio con Borrani, Lockheed, Ceriani, Betor, Koni, relojes Smiths o mandos adecuados genera mucha más confianza que una moto reconstruida con piezas genéricas. En Rickman, la autenticidad visual es parte de la autenticidad mecánica. No hace falta que cada tornillo sea de fábrica, pero sí que el conjunto respire criterio histórico.

Para el comprador de hoy, además, Rickman ofrece un tipo de exclusividad muy útil en marketplace: se distingue de inmediato. En una concentración o en un garaje compartido con clásicas japonesas y británicas, una Rickman no se diluye. Esa presencia visual hace que incluso compradores que llegan por una Honda CB750 o una Kawasaki Z1 terminen prestando atención a una CR, porque reconoce algo más raro y más trabajado.

Rickman en España: compra inteligente y uso real

En España, comprar Rickman exige una mentalidad algo distinta a la de otras clásicas. La oferta doméstica será pequeña y la compra transfronteriza casi norma. Por eso conviene pensar en tres perfiles.

El primero es el coleccionista puro, que busca una Metisse temprana, una G50 o una CR de especificación muy correcta. Para él, lo importante es la trazabilidad y el valor histórico. El segundo es el aficionado que quiere usar la moto, donde una CR750 matriculada y bien restaurada suele ser la opción más sensata. El tercero es el comprador de estilo, atraído por la imagen café racer o racer clásica. Ese perfil debe ir con más cuidado, porque en Rickman la estética sola puede hacer pagar de más por una unidad mediocre.

En anuncios dirigidos a España, merece la pena preguntar siempre por cuatro cosas antes de viajar: papeles, número de bastidor legible, base mecánica exacta y fotos del proceso de restauración. Si el vendedor esquiva dos de las cuatro, mejor seguir buscando. El coste de un error en una Rickman rara es mucho más alto que en una clásica de gran serie.

También es importante valorar el uso previsto. Si quieres una moto para exhibición, la rareza manda. Si quieres salir con cierta frecuencia, una Rickman con motor Honda suele ofrecer la mezcla más llevadera de exotismo y mantenimiento razonable. Si lo tuyo es el coleccionismo británico duro, entonces una Metisse Triumph, BSA o Matchless encaja mejor, pero conviene entrar sabiendo que el romanticismo también gasta dinero.

Resumen para comprar mejor

Rickman ocupa un lugar muy especial en el mercado de clásicas porque no compite por volumen ni por nostalgia generalista. Compite por chasis, exclusividad, historia deportiva y carácter visual. Desde la Metisse Mk III hasta las CR750 y CR900, la marca ofrece motos con una identidad clara y con suficiente respaldo histórico para seguir siendo deseables en 2025.

Los precios recientes muestran un mercado vivo: proyectos desde £3.450, Metisse funcionales entre 6.000 y 9.500 dólares, CR750 en la banda de 11.100 a 13.200 dólares, y CR900 que pueden moverse entre 8.500 y 18.700 dólares según nivel y presentación. En Europa, una unidad profesionalmente restaurada y matriculada puede pedir bastante más.

Para comprar bien en España, quédate con cinco ideas. Primera: la identidad del bastidor vale tanto como el motor. Segunda: en Rickman la calidad de los componentes periféricos cambia mucho el valor real. Tercera: las piezas existen, pero no todas son baratas ni rápidas de conseguir. Cuarta: una moto ya documentada en España o muy bien preparada para matricular tiene ventaja clara. Quinta: en esta marca merece la pena esperar al anuncio correcto.

Si buscas una clásica distinta, con pedigrí real de competición y una presencia imposible de confundir, una Rickman bien elegida sigue siendo una compra de mucha personalidad. Encuentra ahora tu Rickman en Classic Trader y revisa cada oferta con ojos de comprador serio.