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Comprar Peugeot Moto
Peugeot ocupa un lugar poco común en el coleccionismo: mezcla motos francesas de preguerra, utilitarias de posguerra y ciclomotores que hoy despiertan nostalgia real. Para comprar bien conviene mirar más allá del emblema del león y entender qué modelo ofrece historia, recambio y valor de mercado de verdad.
Resultados de la búsqueda

1993 | Peugeot Metropolis 50
Peugeot Metropolis 50 (1993) – Showroom Condition, Fully Original, Inspected

1928 | Peugeot P 108
Oldtimer race motor

1990 | Peugeot Metropolis 50
Peugeot PEUGEOT METROPOLIS 50
Referencias de anuncios de "Peugeot" en Classic Trader
A continuación encontrará anuncios relacionados con su búsqueda que ya no están disponibles en Classic Trader. Para ayudarle a tomar una mejor decisión de compra, esta información le ayudará a hacerse una mejor idea de la disponibilidad, evolución del valor y precio actual de un anuncio de "Peugeot".
1947 | Peugeot 55
1947 Peugeot P55 125cc *
1973 | Peugeot 103 MD
Peugeot P105 103M-D
1929 | Peugeot P 108
1929 Peugeot P108 '29
1953 | Peugeot 55
Peugeot Type 55 TCL (125cc)
1973 | Peugeot P 105
Peugeot P105 103M-D
2000 | Peugeot Elyseo 125
Peugeot Elyseo 125
1929 | Peugeot P 108
1929 Peugeot P108 '29
1995 | Peugeot Buxy
A Deliciously 90’s Peugeot Buxy Unregistered with Just 21 Miles!
1995 | Peugeot Zenith L
A Deliciously 90’s Peugeot Zenith L Unregistered with Just 61 Miles!
1934 | Peugeot P 112
1934 Peugeot P112 '34
1953 | Peugeot 55
Peugeot Type 55 TCL (125cc)
1973 | Peugeot 104
Historia y legado
Hablar de Peugeot en el mundo de la moto clásica obliga a separar varias vidas dentro de una misma marca. La empresa nace en 1810 como fabricante metalúrgico, entra en la bicicleta en 1881 y pronto aplica esa experiencia al vehículo motorizado. Según Peugeot Motocycles y L’Aventure Peugeot, en 1898 ya presenta un triciclo motorizado y en 1901 lanza su primera moto fabricada en serie, la Motobicyclette. Era todavía una bicicleta reforzada con motor, pero marcaba un rasgo que seguiría vivo durante décadas: Peugeot entendía la movilidad como un equilibrio entre producción industrial seria, mecánica eficiente y una cierta voluntad de innovar antes que otros.
Ese impulso técnico se ve con claridad en la extraordinaria 500 M de 1913-1914. Diseñada en el entorno de Ernest Henry, utilizaba un bicilíndrico paralelo de 495 cc, doble árbol de levas en cabeza y cuatro válvulas por cilindro; para su tiempo era casi ciencia ficción. Las pruebas de la época le atribuyen un récord de 122,2 km/h en el kilómetro lanzado, una cifra que sigue dando contexto a toda la historia deportiva de Peugeot. Para el comprador actual no es un modelo “asequible” ni habitual, pero sí explica por qué la marca no debe verse sólo como productora de utilitarios sencillos.
En la segunda mitad de los años veinte Peugeot reorganiza su gama y recupera protagonismo en cilindradas medias. La propia cronología oficial de la marca sitúa la P 108 en 1928 como regreso al segmento de 250 cc, dentro de una familia comercialmente muy importante junto a P107, P109, P110 y P111. Peugeot habla de un récord de ventas de 34.900 máquinas para esa familia, algo revelador porque demuestra que la casa del león podía unir escala industrial y presencia deportiva. En la primera mitad de los años treinta, la P 108 gana peso simbólico al imponerse en su clase en el Bol d’Or de 1933, mientras la 515 de 500 cc, presentada en 1933 frente a la competencia británica, establece en Montlhéry en 1934 el récord mundial de 24 horas a 118,747 km/h de media. Es decir: Peugeot podía construir motos populares, pero también máquinas serias de récord.
Tras la Segunda Guerra Mundial el mercado cambia de forma radical. Francia necesita transporte barato, simple y resistente, y ahí aparece el Peugeot que hoy más suele interesar a quien quiere entrar en la marca sin presupuestos de gran colección. En 1946 se presenta la P55, una 125 cc de dos tiempos derivada del modelo anterior a la guerra. La fórmula es sencilla: monocilíndrica, ligera, cambio de tres marchas y una construcción honesta orientada a la movilidad diaria. El problema —y a la vez el encanto— es que la familia Type 55 se multiplica en muchísimas variantes: 55 AL, C, T, TC, TCL, GL, GLT, GTS y otras. Fuentes de colección francesas hablan de casi 16 versiones, con combinaciones de horquilla de paralelogramo o telescópica, suspensión trasera simple o deslizante, cambio a mano o al pie y diferentes niveles de acabado. Para el coleccionista, eso significa dos cosas: hay variedad atractiva, pero también abundan las motos mezcladas o mal identificadas.
El siguiente gran capítulo llega con la 176 TC4 y, sobre todo, con la 176 GS Bol d’Or. Peugeot compite con cinco 175 en el Bol d’Or de 1952 y consigue una victoria de categoría con André Bouin, a una media de 89,529 km/h. De ese éxito nace en 1953 la 176 GS, versión de calle inspirada en la ganadora. Moto-Collection la describe con 10 CV, alrededor de 110-115 km/h y producción entre 1953 y 1957. Aquí aparece probablemente la Peugeot clásica más redonda para uso de aficionado exigente: más viva y rápida que una P55, menos inaccesible que una gran rareza de preguerra y con una conexión deportiva real, no inventada por el marketing posterior.
La producción de motocicletas clásicas Peugeot pierde protagonismo a finales de los cincuenta, pero la historia comercial de la marca sobre dos ruedas no se termina ahí. En el mercado actual pesan mucho los ciclomotores y scooters posteriores. El Peugeot 103, lanzado en 1971, se convierte en fenómeno generacional. Peugeot Motocycles ha llegado a hablar de más de 4 millones de unidades; otras fuentes de prensa española y del propio ecosistema de la marca citan al menos más de 3 millones. En todo caso, la conclusión no cambia: es una producción masiva que hoy sostiene la parte más accesible, sentimental y utilizable del universo Peugeot. Más tarde, el Speedfight, con más de 500.000 unidades según Peugeot, lleva ese papel a la era scooter.
Por eso la marca resulta tan singular en Classic Trader: bajo un mismo nombre conviven la ingeniería pionera, la moto francesa de utilidad de posguerra, el 175 deportivo con pedigrí de competición y el ciclomotor de memoria popular que sigue encontrando comprador en 2025 y 2026.
Lo que hace especial a Peugeot
La primera razón para comprar una Peugeot clásica es la diversidad real de la oferta histórica. No todas las marcas permiten pasar de una 250 de preguerra como la P 108 a una 125 utilitaria como la P55, de ahí a una 176 GS con aroma de Bol d’Or y terminar en un 103 SP o un Speedfight convertido ya en youngtimer. Eso amplía mucho el campo para el comprador: se puede entrar por historia, por presupuesto, por facilidad de uso o por pura nostalgia.
La segunda es el carácter francés de la marca. Peugeot nunca se apoyó tanto en la épica grandilocuente como las italianas más famosas ni en la ingeniería “de culto” al estilo BMW. Su atractivo suele ser más sutil: soluciones bien pensadas, motores sencillos pero lógicos, estética limpia y una fuerte relación con la movilidad cotidiana. En el coleccionismo actual eso tiene valor, porque muchas motos Peugeot siguen transmitiendo autenticidad de uso más que una restauración de escaparate.
La tercera es que varios modelos siguen infravalorados frente a lo que ofrecen. Una P55 correcta no impresiona por ficha técnica, pero sí por contexto histórico. Una 176 GS bien conservada reúne velocidad suficiente, poca oferta, una historia deportiva concreta y un aspecto muy convincente. Y un 103 verdaderamente original puede despertar más conversación en una reunión de clásicos que muchos modelos caros pero previsibles.
También cuenta mucho la cultura del recambio. En modelos populares como 103, Vogue, SP, SPX o RCX hay mucha pieza disponible, tanto original usada como aftermarket. Para España esto importa especialmente: tiendas y especialistas con catálogo en castellano ofrecen consumibles, decoración, escapes y pequeñas piezas, de modo que un ciclomotor Peugeot puede ser un proyecto razonable incluso para un aficionado que no quiera depender siempre del mercado francés. Con una P55 o una 176, en cambio, la situación cambia: hay que acudir más a clubes, ferias, despieces franceses y especialistas que sepan distinguir la versión correcta.
Por último, Peugeot es una marca ideal para quien valora coherencia por encima de brillo. En el león francés suele pesar más una moto completa, honesta y correctamente configurada que una unidad repintada en exceso. Ese criterio, que parece obvio, en Peugeot es decisivo para no pagar de más por una restauración superficial.
Datos técnicos de modelos clave
Esta tabla deja clara una idea esencial: Peugeot no es una marca lineal. El comprador debe definir si busca preguerra, utilitaria de posguerra, deportiva 175, ciclomotor icónico o scooter clásico. Sin esa decisión previa, comparar precios y valorar anuncios resulta engañoso.
Panorama del Mercado y Consejos de Compra
El mercado Peugeot en 2025-2026 es estrecho pero muy aprovechable si se compra con criterio. En Classic Trader España, la búsqueda de Peugeot mostraba en el momento de la investigación 2 ofertas activas, una señal clara de que no es una marca de abundancia constante. Al mismo tiempo, el portal conserva referencias de anuncios ya cerrados o expirados para una Peugeot 55 de 1947, una Peugeot 103 MD de 1973, varias P 108 y scooters como Elyseo 125, Buxy o Zenith L. Eso es importante: el comprador español debe acostumbrarse a estudiar también el histórico de anuncios, no sólo la oferta viva del día.
Los precios reales confirmados en subasta durante 2024 y 2025 ayudan a poner orden. En abril de 2024, una Peugeot 176 TC4 Militaire de 1956 se vendió en Iconic Auctioneers por 3.450 libras. En noviembre de 2025, una Peugeot P55 de 1947 alcanzó 1.725 libras en la misma casa. No son cifras astronómicas, pero sí revelan un patrón: la 176 interesante, completa y bien presentada ya está claramente por encima de la 125 básica; la P55 sigue siendo puerta de entrada razonable; y la historia deportiva o militar empuja el precio más que el mero brillo cosmético.
En el escalón de ciclomotores, el mercado europeo sigue muy vivo. Buscadores paneuropeos visibles desde España muestran anuncios recientes de Peugeot 103 SP alrededor de 1.250-1.399 €, variantes 103 MVL sobre 1.000-1.700 € y algún 103 RCX excelente hasta 3.000 €. Es un dato útil para el comprador español porque muchas unidades accesibles siguen estando en Francia, país donde la oferta de 103 es naturalmente más amplia que en España. La proximidad logística ayuda, pero no debe hacer olvidar transporte, documentación y puesta al día.
Para España hay además un matiz práctico relevante: desde el 1 de octubre de 2024 el nuevo reglamento de vehículos históricos simplifica parte del proceso. Si la moto ya está matriculada en España y cumple los requisitos, el trámite puede ser más corto; si llega de importación, entra por el procedimiento de vehículo histórico Grupo B, con informe técnico, ITV y tramitación específica en la DGT. Para una Peugeot procedente de Francia o Bélgica esto no es un detalle menor: afecta tiempo, coste real y conveniencia de comprar una moto “barata” pero incompleta.
Qué mirar según familia de Peugeot
1. P 108, 515 y otras Peugeot de preguerra
Aquí mandan originalidad, proveniencia, números y componentes correctos. Un depósito bonito no compensa una moto montada con piezas cruzadas. El valor está en lo raro, y lo raro mal rehecho se paga mal.
2. Type 55 / P55 / 55 TCL
Son motos simples, pero no conviene confundirse: una P55 mal restaurada puede salir cara. Revise horquilla, tipo de suspensión trasera, mando del cambio, tapas, silencioso, carburador y grafías del depósito. Que “arranque” no basta; importa que corresponda con su versión.
3. 176 TC4 y 176 GS
Es la zona más tentadora de la marca. Compruebe compresión, cambios entrando limpios, estado del cigüeñal, carburador correcto, frenos, llantas y escapes. En la GS importan mucho los elementos que la distinguen de una turismo transformada: presentación, ruedas, frenos, admisión y detalles de acabado.
4. 103, Vogue, SP, SPX, RCX
Aquí el enemigo es el tuning. En los 103 pesan muchísimo la caja de filtro, el escape, el encendido, las llantas, la decoración y el estado del chasis. Un 103 original vale más para coleccionismo que uno cargado de piezas rápidas.
Puntos débiles típicos
- Motores dos tiempos antiguos: retenes, fugas, encendido pobre, carburación improvisada y revisiones hechas “para que arranque” pero no para que funcione bien.
- Depósitos y chapa: óxido interno, fondos picados y reparaciones viejas mal selladas.
- Versiones mezcladas: especialmente en Type 55 y 176. En Peugeot esto es muy frecuente.
- Recambio: en España resulta relativamente fácil comprar consumibles y piezas de 103; para una P55 o 176 el circuito sigue siendo más francés y especializado.
- Documentación: en importación, bastidor, papeles de origen y fecha de fabricación deben estar claros antes de pagar.
El mejor consejo de compra para Peugeot sigue siendo muy simple: compre la unidad más completa y coherente, no la más barata. En esta marca la restauración correcta suele costar más que la diferencia inicial entre un ejemplar bueno y otro mediocre.
Sensaciones de conducción y carácter
Una Peugeot clásica rara vez impresiona por fuerza bruta. Su encanto está en la ligereza mecánica y en una manera muy directa de relacionarse con la carretera. La P55 buena se siente estrecha, ligera y sincera; más que empujar, acompaña. Exige ir pendiente del ritmo del motor y aceptar que la velocidad forma parte de la experiencia, no del objetivo.
La 55 TCL resulta más civilizada. La horquilla telescópica y el mando al pie la acercan a una conducción menos arcaica, más natural para quien alterna clásicas de distintas épocas. Sigue siendo una 125 modesta, pero bien ajustada transmite una sensación agradable de máquina racional, pensada para durar y para usarse.
La 176 TC4 cambia de tono. Ya hay más alegría, más recuperación y una relación más convincente entre potencia y chasis. Y cuando se sube a una 176 GS Bol d’Or, el relato deja de ser sólo utilitario: la moto quiere correr, aunque hoy correr sea a un ritmo clásico. El motor tiene una respuesta más llena y la posición ya habla el lenguaje de la pequeña deportiva francesa de los cincuenta.
Las Peugeot de preguerra como la P 108 o la 515 se viven de otra forma. Son motos de inercia y anticipación, donde cada maniobra se hace con más ceremonia. No ofrecen facilidad moderna, pero sí una intensidad histórica muy particular. En una concentración o salida de clásicas, una Peugeot de este tipo no pasa desapercibida precisamente porque no es la elección obvia.
Con el 103 la emoción cambia por completo. Aquí aparece la memoria colectiva: el sonido del dos tiempos pequeño, el variador, la ligereza casi de bicicleta motorizada y una libertad juvenil que en España también se entiende muy bien, aunque el 103 no tuviera aquí la omnipresencia de otros ciclomotores nacionales. Por eso un 103 bueno no se compra sólo con la cabeza; se compra también con recuerdos, incluso prestados.
Diseño, filosofía y accesorios
En diseño, Peugeot suele ganar por equilibrio. Las motos de preguerra tienen una belleza funcional, casi industrial. No buscan el exceso, sino la proporción. Las de posguerra siguen esa lógica: la P55 y la 176 no son barrocas, pero sí elegantes en una clave muy francesa, con depósitos bien resueltos, guardabarros profundos y detalles que parecen pensados para durar más que para impresionar cinco minutos.
La 55 TCL es un buen ejemplo. Sin ser una gran deportiva, se percibe más refinada que las primeras Type 55. En la 176 GS, en cambio, Peugeot encuentra un equilibrio muy atractivo entre deportividad y sobriedad: postura, doble escape, colorido y presencia suficiente para diferenciarse sin caer en la exageración.
En ciclomotores y scooters la lógica cambia, pero no desaparece. El 103 funciona muy bien estéticamente cuando conserva decoración, asiento, faro, llantas y escape de su época. En un Speedfight temprano ocurre algo parecido: hoy interesa más un scooter limpio y original que un superviviente del tuning noventero.
El apartado de accesorios merece atención especial. En Peugeot valen mucho las piezas “menores”: velocímetro correcto, manetas, piloto trasero, carburador adecuado, caja de herramientas, tapas laterales, fileteados y calcas bien resueltos. En España esto importa todavía más porque muchos compradores importan unidades francesas ya restauradas hace años; conviene mirar si los detalles siguen siendo fieles o si se ha tirado de recambio genérico. En una 103, conseguir piezas no suele ser drama. En una 176 GS equivocarse con un componente específico sí puede convertirse en una búsqueda larga y cara.
Cultura Peugeot, exportación y contexto español
Peugeot tiene un peso cultural poco ruidoso pero muy sólido. La 500 M y la 176 GS sostienen la parte deportiva; la P55 representa la reconstrucción práctica de la posguerra; y el 103 entra ya en la cultura popular europea. En Francia es un icono generacional; en España quizá no tenga el mismo arraigo masivo que ciertos Mobylettes o Derbi, pero sí despierta interés entre coleccionistas que buscan algo diferente y con fuerte conexión francesa.
Esa relación con Francia es clave para el comprador español. Geográficamente, España está bien situada para comprar Peugeot clásicas al otro lado de la frontera, algo que no siempre ocurre con marcas británicas o centroeuropeas. También hay más facilidad para localizar documentación, catálogos y despieces en francés que en otros idiomas. La contrapartida es que muchas compras “rápidas” se hacen seducidas por el precio y luego chocan con matriculación, ITV o piezas incorrectas.
Además, la escena española de restauración y recambio ya ofrece algunas ayudas prácticas, sobre todo para los 103. Existen comercios en castellano con piezas de mantenimiento y accesorios, y eso reduce la barrera de entrada para quien quiera un Peugeot ligero de uso ocasional. Aun así, en motos clásicas de los cincuenta la verdadera red sigue estando en clubes, foros y especialistas franceses.
También conviene recordar que Peugeot no vende sólo una historia de competición ni sólo nostalgia de ciclomotor: vende una forma francesa de entender la movilidad clásica. Para muchos coleccionistas españoles, ahí está precisamente el interés. No es la elección evidente y, por eso mismo, cuando aparece una buena unidad suele atraer a quien busca algo con más conversación que postureo.
Resumen
Peugeot merece atención seria en el mercado clásico porque ofrece varias puertas de entrada bien distintas. La P 108 y la 515 representan la Peugeot de preguerra con valor histórico y deportivo; la P55 y sus derivadas son la opción más racional para entrar en la marca; la 176 TC4 y sobre todo la 176 GS Bol d’Or concentran hoy gran parte del atractivo coleccionista; y el 103 mantiene viva la parte emocional, asequible y utilizable del nombre Peugeot.
Para comprar bien desde España, conviene asumir tres reglas. Primera: la oferta es corta, así que hay que estudiar también anuncios de referencia y no sólo la oferta activa. Segunda: desde 2024 la tramitación histórica española ayuda, pero la documentación sigue siendo decisiva, sobre todo en importación. Tercera: en Peugeot manda la coherencia del ejemplar. Una unidad completa, fiel a su versión y mecánicamente sana casi siempre será mejor compra que una restauración vistosa pero dudosa.
Si encuentra una Peugeot Moto correcta en Classic Trader, estará comprando algo más que una clásica francesa: estará comprando una marca capaz de unir innovación temprana, moto popular honesta y nostalgia auténtica sin disparar necesariamente el presupuesto.


