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Comprar Montesa Moto
Montesa es una marca que en España no necesita presentación: nació en Barcelona y sigue siendo parte de la memoria motera del país. Desde la Impala hasta la Cota y la Cappra, comprar una Montesa es entrar en una historia muy nuestra.
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1979 | Montesa Cappra 414 VE
Montesa CAPPRA 414 VE

1974 | Montesa Cappra 250 VR
Montesa CAPPRA 250 VR

1978 | Montesa Cappra 360 VB
Montesa CAPPRA 360 VB

1980 | Montesa Cota 349 Trial
Montesa COTA 348 TRAIL

1977 | Montesa Cappra 250 VE
Montesa CAPPRA 250 VE

1976 | Montesa Cota 247
Montesa COTA 247

1975 | Montesa Cappra 250 VB
Montesa CAPPRA 250 VB
Referencias de anuncios de "Montesa" en Classic Trader
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1980 | Montesa Cota 349 Trial
Motesa Cota 349 Trail historisches Liebhaberfahrzeug

1956 | Montesa Brio 80
montesa brio 81

1983 | Montesa Cota 349 Trial

1956 | Montesa Brio 80
Montesa Brío Original Restaurada

1976 | Montesa 250 Enduro
CAPPRA 250 VB

1976 | Montesa Cota 349 Trial
Montesa Cota 348 – Edición Malcom Rathmell ’76

1972 | Montesa Cota 25
c.1972 Montesa Cota 49cc
Historia
Hablar de Montesa en España es hablar de industria, deporte y orgullo local al mismo tiempo. La marca nació en Barcelona en 1945, en una posguerra en la que hacer una moto fiable ya era una declaración de intenciones. Montesa no fue un proyecto periférico: fue una respuesta catalana y española a una necesidad real de movilidad, con una identidad técnica propia desde el primer momento.
Su evolución explica por qué hoy sigue despertando tanto interés en el mercado clásico español. La Impala llevó a Montesa a la calle con una mezcla muy rara de belleza, robustez y uso cotidiano. La Cota 247 abrió una etapa en la que la marca se convirtió en referencia del trial. La Cappra demostró que también había ambición para el motocross. Y las generaciones posteriores de Cota consolidaron una reputación deportiva que aún resuena en los clubs y en las pruebas clásicas de toda España.
En Cataluña, Montesa tiene además un peso emocional especial. No es solo una marca histórica: es una marca de casa. Las Impala se recuerdan en Barcelona y su área metropolitana como motos de calle, de trabajo y de domingo. Las Cota, por su parte, siguen muy presentes en el mundo trialero catalán, donde muchas unidades han sobrevivido gracias a talleres especializados, coleccionistas y una cultura mecánica muy viva.
La gran virtud de Montesa es que nunca fue una marca de postureo. Sus motos nacieron para rodar, competir o subir piedras, y esa honestidad técnica es una de las razones por las que hoy resultan tan deseables. En el mercado español, una Montesa bien comprada sigue teniendo sentido: por historia, por recambios, por comunidad y porque todavía se pueden usar con cabeza.
Highlights
Si buscas una Montesa en España, hay tres nombres que marcan el mapa de interés del coleccionista.
La Impala es el gran símbolo de la marca en carretera. Su silueta limpia, su equilibrio general y su reputación de moto bien hecha la han convertido en una clásica de culto, especialmente en Cataluña. La Impala 175 sigue siendo la puerta de entrada natural para muchos compradores, y la Impala Sport o las versiones de uso más especializadas tienen un atractivo todavía mayor para quien quiere algo con carácter y autenticidad.
La Cota 247 es probablemente el modelo más reconocido por el aficionado al trial clásico. Ligera, sencilla y muy eficaz, encarna la transición entre la moto de campo pura y el trial moderno. No es casualidad que siga apareciendo en eventos y rutas por toda España: conserva ese punto de máquina utilizable, sin electrónica, con respuesta mecánica directa y una presencia muy especial.
La Cappra representa la faceta más competitiva y menos domesticada de Montesa. Es una moto que no pide permiso: entra con una estética de carreras, un motor con nervio y una personalidad clara. En el mercado español no aparece tan a menudo como la Impala o la Cota, pero precisamente por eso despierta más interés entre quienes buscan algo distinto y con más presencia en colección.
Lo que une a estas tres líneas es la identidad Montesa: chasis ligeros, motores de dos tiempos, soluciones simples y una producción muy ligada a Barcelona y su entorno industrial. Para el comprador español, eso importa mucho. Significa cercanía cultural, disponibilidad de expertos y una red de aficionados que conoce estas motos de verdad.
Datos Técnicos
Las Montesa clásicas comparten varios rasgos muy apreciados por los aficionados españoles: chasis de acero, mecánicas sencillas, carburación tradicional y una arquitectura pensada para poder mantenerse con conocimiento local. En el caso de la Impala, la calidad de fabricación y el equilibrio general pesan más que la cifra pura de potencia. En la Cota, el foco está en el control y el peso. En la Cappra, el objetivo es la entrega y el carácter.
Para quien compra hoy en España, el dato técnico no sirve solo para admirar la ficha: sirve para entender la vida real de la moto. Una Impala con carburación bien ajustada, encendido saneado y documentación correcta puede ser una clásica de uso muy agradable. Una Cota 247 necesita comprobar bien el estado del bastidor, el embrague y el tren delantero. Y una Cappra exige revisar con más atención el motor, la compresión y la compatibilidad de piezas, porque muchas han pasado por manos de competición o restauraciones parciales.
Panorama del Mercado y Consejos de Compra
En España, el mercado de Montesa es activo, pero muy desigual según modelo y estado. La Impala suele ser la más buscada por compradores que quieren una clásica con sabor muy local. En anuncios recientes de Barcelona y Tarragona se han visto Impala 175 documentadas y restauradas alrededor de 2.450 a 3.199 €, mientras que ejemplares mejor presentados o con trabajo reciente pueden subir con facilidad por encima de los 4.000 €. En paralelo, restauraciones más completas o unidades especialmente cuidadas pueden moverse bastante más arriba si tienen historial claro.
La Cota 247 es la Montesa más visible en portales españoles como Wallapop y Milanuncios. En anuncios recientes han aparecido unidades entre 1.350 € y casi 5.000 €, con la parte media del mercado concentrada en torno a 2.250-3.500 € para motos utilizables, y un escalón superior para piezas muy correctas, restauradas o con ITV al día. En España, la documentación pesa mucho: una Cota 247 con papeles, matrícula legible e historial claro vale más que otra aparentemente más bonita pero mal resuelta administrativamente.
La Cappra es otra liga. Hay menos oferta y más dispersión. Una unidad restaurada y bien documentada puede situarse en el entorno de 5.000 a 8.000 €, y algunas referencias de venta en España rondan los 7.200 € cuando el trabajo es serio y la moto está muy completa. Las Cappra aparecen menos en la venta generalista y más en redes de clásicos, especialistas y coleccionistas con criterio de marca.
Qué mirar antes de comprar
Impala: revisa el estado del chasis, los cromados, la instalación eléctrica y la coincidencia entre número de motor y documentación. La Impala vive mucho de la originalidad visual; una moto muy “repintada” pero sin detalles correctos pierde valor más rápido que una de estética honesta.
Cota 247: mira el anclaje del basculante, la alineación general, el juego en rodamientos y el estado del embrague. En trial clásico, muchas motos han sufrido modificaciones para uso deportivo o histórico. Lo importante es saber qué se ha cambiado y si eso está bien resuelto.
Cappra: comprueba compresión, escape, caja de cambios y piezas específicas de carrocería. En estas motos la escasez de ciertos componentes puede complicar la restauración más que el propio motor.
ITV e histórico en España
Para quien compra en España, la ITV es una parte central de la decisión. La normativa actual permite que un vehículo histórico tenga un uso más flexible, pero no desaparecen las obligaciones básicas: si una moto histórica debe pasar inspección, hay que mantenerla en regla. Según la DGT, las motocicletas históricas tienen una frecuencia de inspección de cuatro años, y los vehículos de más de 60 años pueden quedar exentos en determinados casos. También importa la configuración original: si la moto salió de fábrica sin ciertos elementos, no se le puede exigir una dotación moderna que no le corresponde.
Eso beneficia mucho a Montesa, porque muchas unidades de los años 60 y 70 se conservan en España con cambios razonables para su época, no con transformaciones drásticas. Aun así, antes de comprar conviene preguntar por la ficha, la titularidad, el estado de la matrícula y la posibilidad real de uso legal. En una Montesa clásica, la documentación bien hecha vale casi tanto como un buen motor.
Comunidad y mercado local
Montesa tiene una comunidad española muy viva. El Moto Club Impala es un buen ejemplo: nace para mantener vivo el modelo y reúne cada año a centenares de aficionados en la Impalada, una cita muy ligada al territorio catalán y a las rutas de la marca. Además, en España hay restauradores, clubes de clásicas y especialistas que siguen moviendo piezas, conocimiento y motos. Ese ecosistema hace que comprar Montesa sea menos arriesgado que comprar una clásica aislada sin red.
Si tu idea es comprar para disfrutar, la Impala suele ser la mejor puerta de entrada. Si quieres una clásica con potencial de uso y ocio en trial, la Cota es la respuesta natural. Si buscas algo más raro y emocionalmente más agresivo, la Cappra tiene mucha fuerza. El mercado español premia las motos bien documentadas, completas y con piezas correctas; castiga mucho más la improvisación que la pátina.
Rendimiento
Montesa no se entiende solo por cifras. Se entiende por tacto. Las motos de la marca tienen ese punto de respuesta mecánica franca que muchos aficionados españoles siguen valorando por encima de la sofisticación. No son motos “fáciles” en el sentido moderno, pero sí son motos lógicas. Hacen exactamente lo que prometen.
La Impala sorprende por su equilibrio. No es una deportiva, ni pretende serlo, pero transmite esa sensación de motocicleta bien proporcionada, serena y suficientemente ágil para una ruta tranquila por carreteras secundarias españolas. En ciudad se deja llevar con nobleza; fuera de ella, su encanto está en el ritmo, no en la velocidad. Es una moto para disfrutar el trayecto, no para perseguir cronos.
La Cota 247 es otra historia. Aquí importa el control fino. El peso contenido, la entrega limpia del dos tiempos y la postura compacta hacen que la moto se sienta viva bajo el cuerpo del piloto. En las pruebas de trial clásico celebradas en España, estas Montesa siguen teniendo sentido porque recompensan la técnica, no la fuerza bruta. Su conducción exige lectura del terreno, embrague, equilibrio y respeto por la mecánica.
La Cappra tiene más rudeza y más pulso. Es una Montesa de gas, de recorrido, de empuje. En circuitos clásicos y exhibiciones, su personalidad se nota enseguida: sonido más seco, reacciones más vivas y una entrega que pide manos entrenadas. Es menos amable que una Impala y menos refinada que una Cota, pero en compensación ofrece una experiencia muy pura.
Para el comprador español, esta diversidad es una ventaja. No estás comprando solo una marca; estás escogiendo una forma distinta de vivir el clásico. Ruta, trial o motocross. Cada una tiene su espacio, su comunidad y su lógica de uso.
Diseño
Montesa siempre ha tenido una relación muy seria con el diseño. Incluso cuando la prioridad era la funcionalidad, había intención formal. La Impala es la prueba más clara: líneas limpias, depósito equilibrado, proporciones elegantes y un lenguaje visual que envejece muy bien. No extraña que siga siendo una moto tan admirada en Barcelona y en toda Cataluña. Tiene presencia sin estridencias.
Las Cota adoptan otro enfoque. El diseño aquí es más técnico, más compacto, más cercano al terreno. Los guardabarros, el asiento estrecho y la postura general hablan de eficacia. Pero incluso en su desnudez funcional hay una estética muy propia: la de una herramienta deportiva hecha con criterio.
La Cappra, por su parte, es la Montesa más combativa visualmente. Suele transmitir más tensión, más intención de salida a pista, más agresividad en su postura. En colecciones privadas españolas, una Cappra bien conservada destaca porque representa el lado más valiente de la marca.
Ese diseño tan coherente ayuda mucho al mercado clásico actual. La Montesa bonita sigue siendo bonita incluso con las lógicas huellas del tiempo. Por eso muchos compradores españoles buscan unidades originales antes que restauraciones excesivamente brillantes. En una Montesa, la autenticidad visual suele sumar más que el exceso de maquillaje.
Otros
La cultura Montesa en España no se limita a la compra-venta. Está muy ligada a rutas, encuentros y competición histórica. Las Trials Clásicos y las pruebas de regularidad o trial clásico mantienen vivas las Cota en manos de aficionados que realmente las usan. En el calendario español de 2026 siguen apareciendo pruebas nacionales de trial clásicas, y eso da salida real a estas motos más allá del garaje.
También existe un componente territorial muy marcado. Cataluña sigue siendo el gran centro emocional de Montesa, pero el interés se extiende a todo el país. Un comprador en Madrid, Valencia, Euskadi o Andalucía entiende que una Montesa no es una moto cualquiera: es una parte de la historia industrial española con una comunidad activa detrás.
Ese contexto hace que el valor de una Montesa en España sea más estable de lo que muchos esperan. No son motos de moda pasajera. La Impala tiene peso de memoria, la Cota tiene peso de deporte y la Cappra tiene peso de rareza. Juntas forman una gama muy sólida para un coleccionista que quiera comprar con criterio.
Resumen
Montesa sigue siendo una de las mejores marcas españolas para comprar una clásica con sentido real. Su fuerza no está solo en la nostalgia, sino en la combinación de origen barcelonés, historia deportiva, comunidad activa y mercado todavía accesible. La Impala es la más emocional y local; la Cota 247, la más deseada por los trialeros; la Cappra, la más especial para quien busca carácter de competición.
En España, comprar una Montesa significa también comprar contexto: clubs, eventos, especialistas, recambio y una cultura motera que sigue muy viva. Si encuentras una unidad con papeles correctos, mecánica sana y autenticidad suficiente, tienes delante una clásica con mucho recorrido.
Para comprar Montesa hoy, la clave es sencilla: busca bien, revisa documentación, valora la originalidad y entiende qué uso quieres darle. La mejor Montesa no es siempre la más brillante; suele ser la que mejor encaja contigo.







