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Comprar Mosler Clásicos
Mosler es una de las firmas más raras del automóvil americano: ligerísima, extrema y nacida para ir rápido en carretera y circuito. Si buscas un Mosler en España, aquí descubrirás por qué su historia, su escasez y su palmarés lo convierten en una pieza de culto.
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2006 | Mosler MT 900 GTR
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Historia
Mosler Automotive no nació como un constructor tradicional, sino como la idea obstinada de Warren Mosler, empresario y teórico económico de Florida, que en 1985 fundó Consulier Industries con un objetivo muy claro: demostrar que un deportivo estadounidense podía ser más rápido, más eficiente y más radical a base de ligereza, no de cilindrada. Esa filosofía, casi contracultural en un país fascinado por los V8 grandes y el par motor a bajo régimen, marcó cada coche que llevaría su nombre.
El primer gran capítulo fue el Consulier GTP, presentado en 1988. A primera vista parecía un prototipo homologado a medias, pero debajo había una idea muy seria: un monocasco de Carbon y Kevlar sin estructura metálica portante, un planteamiento adelantado a su tiempo. El motor era un modesto 2.2 turbo de cuatro cilindros, con potencias de entre 175 y 190 CV, pero el conjunto rondaba solo 1.000 kg. Entre 1988 y 1993 se fabricaron aproximadamente 60 a 100 unidades, una cifra minúscula incluso para estándares de coches artesanales.
La evolución llegó con el Mosler Intruder (1993-1995), ya bajo la marca Mosler Automotive. Aquí la receta cambió hacia el V8: un LT1 de origen Corvette con preparación Lingenfelter y 300 CV. Fue seguido por el Mosler Raptor (1996-2000), una serie todavía más escasa y con una orientación cada vez más de competición. En paralelo, la marca fue afinando una identidad muy definida: coches de muy baja producción, sin concesiones al lujo y con una obsesión casi quirúrgica por el peso.
El salto cualitativo se produjo con el Mosler MT900, lanzado en 2001. Diseñado por Rod Trenne —también responsable del Chevrolet Corvette C5—, inauguró una nueva etapa técnica para Mosler: monocasco de carbono tipo panal con subchasis de acero al cromo-molibdeno y motor GM LS V8 central trasero. El MT900 ya no era una rareza excéntrica, sino un superdeportivo serio, con soluciones de ingeniería que podían medirse de tú a tú con las de fabricantes mucho más grandes.
Después llegó el MT900S (2005-2011), la versión más codiciada entre los modelos de calle. Montaba el LS6 V8 de 435 CV y bajaba hasta 998 kg; en variantes más extremas, como el Photon, se acercó a los 900 kg. En paralelo apareció el MT900R, la versión de carreras, fabricada en torno a 50 ejemplares, que convirtió a Mosler en un nombre temido en los campeonatos GT europeos.
La historia de la marca se cerró en 2013, cuando sus activos pasaron a Rossion Automotive. Aun así, Mosler dejó una huella mucho mayor que su volumen de producción. Se calcula que la suma de coches de calle y de competición apenas supera unas 85 unidades en total. Esa escasez, unida a su palmarés en pista, explica por qué hoy comprar un Mosler significa acceder a una de las historias más radicales del coche deportivo americano.
Highlights
Lo primero que hace especial a Mosler es su coherencia. No hubo etapas de transición largas, ni modelos de volumen, ni una gama pensada para agradar a todos. Desde el Consulier GTP hasta el MT900R, la marca repitió el mismo mensaje: menos peso, más eficacia.
El Consulier GTP fue un adelantado técnico. En 1988, hablar de una carrocería de Carbon y Kevlar en un coche de calle sonaba casi experimental. Hoy la fibra de carbono está por todas partes, pero en aquel momento era una declaración de guerra contra los deportivos convencionales. Esa ligereza daba al GTP una personalidad muy singular: no necesitaba cifras de potencia descomunales para ir muy deprisa.
El Intruder y el Raptor reforzaron la idea de que Mosler no quería construir simplemente coches rápidos, sino máquinas con ADN de carreras. Sus motores V8 les dieron el carácter sonoro y la respuesta que muchos compradores de deportivos americanos esperan, pero siempre dentro de una filosofía de contención de masa.
Con el MT900 la marca alcanzó su punto de madurez. Su arquitectura central, su aerodinámica estudiada y su relación peso/potencia lo colocaron entre los superdeportivos más serios de su época. En pruebas de la prensa especializada, el MT900S firmó cifras extraordinarias: Motor Trend midió un 0-100-0 mph en 10,98 segundos, un dato que en su día superaba incluso referencias míticas como el McLaren F1 LM. Para un coche de menos de una tonelada, ese resultado resume bien el espíritu Mosler.
El MT900S Photon llevó esa lógica al límite. Con ruedas de magnesio, elementos de carbono adicionales, componentes aligerados y soluciones de competición, se situó en el territorio de los coches de obsesión absoluta. No era un capricho estético: era ingeniería para exprimir cada kilo.
Pero si hay un aspecto que de verdad convierte a Mosler en una marca de culto en España es su éxito en competición. El MT900R ganó la clase GTS en las 24 Horas de Daytona 2003, se llevó el título de la British GT Championship y, sobre todo, conquistó el Campeonato de España de GT 2004 con Shaun Balfe / Balfe Motorsport. Esa conexión con el automovilismo español no es un detalle menor: en los 2000, Mosler tuvo una presencia especialmente visible en nuestro país, con equipos como Escuderia Bengala y Escuderia Motor Terrasa compitiendo con el MT900R. Para el mercado español, eso añade un valor emocional y deportivo muy real.
Datos Técnicos
El esquema técnico de Mosler merece una lectura atenta por parte del comprador. Aunque los datos cambien según versión y preparación, hay rasgos comunes que definen a la marca. La mayoría de sus modelos importantes utilizan motores GM LS o derivados, lo que favorece una buena disponibilidad mecánica en Europa. Eso sí, la parte específica Mosler —carrocería, subchasis, paneles y elementos de fabricación limitada— es otra historia.
En el MT900 y sus derivados, el conjunto de bastidor y suspensión está pensado para trabajar como una herramienta de precisión. Hay doble triángulo en ambos ejes, amortiguadores regulables y frenos sobredimensionados, normalmente con componentes de Wilwood o Brembo según especificación. En coches tan ligeros, la puesta a punto importa tanto como la potencia.
También conviene recordar que la producción fue extremadamente reducida. Por eso, aunque el motor pueda compartir lógica con otros V8 americanos, un Mosler sigue siendo un coche artesanal de colección. Cada unidad puede tener variaciones de configuración, historial de circuito o conversiones de homologación que afectan directamente a su valor.
Panorama del Mercado
Si buscas Comprar Mosler en España, hay que pensar en un mercado de nicho muy, muy estrecho. No es una marca de oferta continua ni de rotación alta. Cuando aparece un Mosler en venta, normalmente entra en una de estas tres categorías: coche de colección muy bien documentado, unidad de competición con historial conocido, o ejemplar con necesidad de revisión seria y adaptación para uso en carretera.
En términos de precio, el Consulier GTP es el Mosler más accesible. En subastas estadounidenses recientes, los ejemplares han oscilado aproximadamente entre 28.000 y 55.000 USD, según estado, originalidad y rareza de la configuración. Para quien quiera entrar en la marca sin llegar al nivel económico de un MT900S, es la opción más asequible, aunque también la más peculiar en conducción y la menos práctica para el uso diario.
El gran objeto de deseo es el MT900S. En el mercado internacional, las transacciones recientes sitúan su rango habitual entre 140.000 y 270.000 €, con picos superiores si la unidad tiene especificación muy especial, bajo kilometraje o historial de competición. Un ejemplar pasó por Bring a Trailer en noviembre de 2022 por unos 294.000 USD, y otro se vendió en Bonhams en abril de 2023 por 166.750 GBP. Son cifras que confirman que el Mosler correcto ya está firmemente instalado en el territorio de los superdeportivos de colección.
El MT900R puede moverse en una banda muy distinta, porque el valor depende mucho de si se compra como coche de carreras puro, de si conserva documentación deportiva y de cuánto trabajo exige para volver a rodar. En otros términos: no siempre el más potente es el más caro; en Mosler, la procedencia pesa muchísimo.
Para un comprador español, el contexto cambia por la ITV y la homologación individual. Muchos Mosler llegaron como importaciones muy limitadas o procedentes de Reino Unido, y su situación administrativa puede ser tan importante como el estado mecánico. Antes de comprar, conviene verificar si el coche tiene ficha técnica española, si puede pasar la Inspección Técnica de Vehículos sin problemas o si requiere un proceso de homologación a medida. En este tipo de coches, el coste y la dificultad de legalización pueden alterar por completo el presupuesto real.
Eso hace que la documentación sea casi tan valiosa como la mecánica. Un Mosler con historial completo, facturas, referencias de mantenimiento y trazabilidad de importación resulta mucho más atractivo que uno con cifras tentadoras pero sin papeles claros. En España, además, la comunidad de aficionados a GT y deportivos exóticos aprecia especialmente los coches con pasado competitivo verificable. Y en Mosler, ese pasado existe de sobra.
Si el objetivo es Encuentra un Mosler correcto, la recomendación es clara: prioriza autenticidad, legalidad y documentación antes que el kilometraje aislado. Y si el coche procede de competición, revisa muy bien qué piezas son originales, cuáles se sustituyeron y qué trabajo faltará para dejarlo apto para carretera o para eventos históricos.
Experiencia
Conducir un Mosler no se parece a conducir un deportivo europeo refinado. Se parece más a pilotar una idea muy concreta de rendimiento. La posición de conducción suele ser baja, el interior es funcional y la sensación general es la de un coche construido para que el conductor perciba cada cambio de carga, cada transferencia de masas y cada grado de adherencia.
En un MT900S, la experiencia es especialmente intensa. El V8 empuja con la contundencia esperable de un motor GM de gran fiabilidad, pero la magia está en el peso contenido. Un coche de 998 kg con 435 CV tiene una relación peso/potencia que cambia la manera de acelerar, frenar y girar. Todo llega antes, todo responde más rápido y todo se siente más directo. No hay dramatismo artificial: la física hace el trabajo.
El comportamiento en curva es una de sus mayores virtudes. La dirección transmite mucho, el chasis responde con inmediatez y la aerodinámica ayuda a mantener la compostura a alta velocidad. No es un coche pensado para viajar aislado del mundo, sino para conectar al conductor con la carretera y con el asfalto. En una jornada de track day, el Mosler tiene algo muy especial: no intimida por complejidad electrónica, sino por pureza mecánica.
El Consulier GTP ofrece una sensación distinta. Más áspera, más experimental, más cercana a un prototipo de resistencia civilizado a medias. Su menor refinamiento forma parte del encanto. Quien busca un coche clásico exótico de carácter casi artesanal puede encontrar en él una experiencia muy singular, pero no un gran turismo cómodo ni fácil.
Lo importante es entender que Mosler no vende lujo; vende sensaciones y cronometraje. Si vienes de un Ferrari, un Lamborghini o un Porsche moderno, notarás enseguida la ausencia de filtrado. Si vienes del mundo de la competición, en cambio, reconocerás de inmediato la lógica del coche.
Para España, además, hay una capa extra de atractivo: la marca dejó huella en campeonatos nacionales y eso le da al coche una cercanía emocional poco habitual en un superdeportivo tan exótico. Ver un MT900R asociado al Campeonato de España de GT 2004 o a equipos como Escuderia Bengala y Escuderia Motor Terrasa ayuda a que no sea solo una rareza americana, sino también una pieza de memoria del motorsport europeo.
Diseño
El diseño de Mosler nunca fue ornamental. Cada coche parece responder a una pregunta técnica antes que estética: ¿cómo corremos más, pesando menos y fallando menos? Esa mentalidad se nota desde el primer vistazo.
El Consulier GTP tiene una forma que divide opiniones. Es muy bajo, muy ancho y con una silueta que recuerda a un coche de carreras homologado casi por accidente. Su carrocería de Carbon y Kevlar no solo era innovadora por el material, sino por el mensaje: aquí la estructura y la forma no están separadas por capricho, sino integradas para ahorrar peso y ganar rigidez.
Con el MT900, Rod Trenne aportó una lectura más madura y equilibrada. El coche ganó coherencia visual, pero sin perder agresividad. Las superficies son limpias, la postura es baja y el conjunto transmite tensión incluso parado. En la parte trasera, los elementos aerodinámicos y las tomas de aire no disimulan su función. Todo está colocado para trabajar.
La MT900S Photon lleva esa idea al extremo visual. Más carbono, menos concesiones, más enfoque de competición. Es el tipo de coche que no necesita cromados, ni accesorios, ni guiños nostálgicos. Su lenguaje es el de la eficiencia absoluta.
También hay un detalle que muchos coleccionistas valoran: la identidad Mosler es difícil de confundir con la de otras marcas. No busca parecerse a un Porsche, ni a un Ferrari, ni a un Corvette, aunque comparta piezas mecánicas con este último. Su diseño comunica algo muy americano y muy de nicho: ingeniería sin maquillaje.
Para el comprador español, eso puede ser precisamente la gracia. En un mercado donde abundan los clásicos conocidos, un Mosler aporta presencia, conversación y una historia técnica que no se agota en la estética. Es un coche para quien quiere algo distinto de verdad.
Otros
El capítulo de Mosler en competición es corto en años, pero enorme en impacto. La marca entendió muy pronto que, si quería legitimidad, debía demostrar su valor en pista. Y lo hizo.
El MT900R consiguió resultados de primer nivel: victoria de clase en las 24 Horas de Daytona 2003, título de la British GT Championship 2003 y, especialmente para el mercado español, el Campeonato de España de GT 2004. Ese triunfo con Shaun Balfe / Balfe Motorsport dio a Mosler una visibilidad muy concreta en nuestro país, donde la categoría GT vivía una etapa muy activa.
La presencia de equipos españoles como Escuderia Bengala y Escuderia Motor Terrasa compitiendo con MT900R confirma que España no fue un mercado secundario para Mosler, sino uno de los escenarios europeos donde más se vio su potencial. Esa conexión deportiva sigue siendo un argumento de compra muy potente para coleccionistas y aficionados al motorsport.
Otro punto interesante es el perfil del propietario típico. Mosler atrae a un público muy concreto: coleccionistas que no buscan solo prestigio de marca, sino historia técnica; pilotos o ex pilotos que valoran la puesta a punto; y compradores que quieren algo extremadamente raro, pero con un soporte mecánico relativamente razonable gracias al uso de componentes GM LS.
Eso sí, la rareza también tiene su precio en mantenimiento. Las piezas específicas de carrocería, los elementos únicos de la marca y cualquier reparación estructural pueden ser caras y lentas. Por eso, un coche con un historial limpio y sin accidentes suele ser mucho más interesante que uno aparentemente barato pero con pasado incierto.
En términos de comunidad, Mosler sigue siendo una marca pequeña, pero muy respetada entre los entusiastas de deportivos de bajo volumen. Su legado no depende de grandes campañas publicitarias ni de una red comercial enorme. Depende de haber demostrado, en público y en pista, que la ligereza extrema también podía ganar.
Resumen
Mosler es una de esas marcas que se compran con la cabeza y con el corazón a la vez. Con la cabeza, porque su mecánica LS, su escasa producción y su lógica de coche ligero pueden ofrecer mucho valor a un coleccionista informado. Con el corazón, porque pocos deportivos americanos tienen una historia tan singular, tan pequeña y tan radical.
Si buscas Comprar Mosler Clásicos en España, el punto de partida más lógico es el Consulier GTP por precio y rareza histórica. Si quieres el Mosler más deseable y usable, el MT900S es la gran referencia. Y si te atrae la competición pura, el MT900R representa la versión más auténtica del pensamiento Mosler en pista.
Para el comprador español, hay dos claves adicionales: la ITV y la homologación individual. Sin una documentación impecable, incluso el mejor Mosler puede convertirse en un quebradero de cabeza. Con papeles claros, en cambio, se transforma en una de las compras más especiales del mercado de clásicos y superdeportivos de colección.
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